En medio de las dificultades propias del acceso cordillerano, los equipos hicieron entrega de cajas de alimentos, pero también llevaron algo que muchas veces tiene un valor aún mayor: presencia, compañía y la certeza de que no están solos.
Porque a veces, una caja de alimentos ayuda, pero una visita, una conversación y saber que alguien se tomó el tiempo de llegar hasta donde uno vive, también alimenta el corazón.