El primero, dañado severamente tras el devastador terremoto de 2010, ha sufrido años de abandono y nula intervención estructural. Sus paredes muestran grietas profundas, sus techos acusan daños evidentes y la naturaleza avanza sin control sobre un edificio que fue, durante décadas, un pilar espiritual y social para la comuna.
Los monumentos no solo resguardan piedras y maderas antiguas; resguardan memorias, tradiciones y el alma de una comunidad. La restauración y preservación del Convento Franciscano y del ex edificio consistorial es una deuda pendiente que el país, a través de sus organismos competentes, debe saldar antes de que sea demasiado tarde.