Escribe: Mario Grandón Castro
Tras haber hecho mi primera comunión en la Parroquia del Sagrado Corazón, en el Barrio Ultraestación de Victoria, con el “Cura Negro”, (le llamaban así pues vestía sotana negra) el padre Héctor Montecinos Parra y después de un par de meses de instrucción, pasé a formar parte del grupo de acólitos de dicho templo parroquial, no tenía más allá de 10 años, en tanto mi hermano un poco mayor, Julio, ingresaba allí mismo a la JEC, Juventud Estudiantil Católica, un grupo de jóvenes de educación secundaria, que ayudaban al Padre Montecinos en labores apostólicas, especialmente en el área rural de la comuna.-
Después con mi hermano menor, Carlos, que estaba en el seminario de los Mercedarios, ubicado allí en calle Urrutia, llegamos, no sé cómo, a ser acólitos en el Colegio Santa Cruz; Carlos siguió en el seminario y yo me quedé allí, como sacristán, por 11 años, sé que llegué a reemplazar a Gabriel Romero, hoy profesor y fotógrafo de corte internacional, quien había reemplazado a su hermano Pedro.-
Allí estuve y creo que fueron los días más felices de mi infancia y parte de mi adolescencia.
