Septiembre, cuando Chile se viste de fiesta

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Mario Grandón Castro

Septiembre llega distinto. Se siente en el aire, en los campos que comienzan a reverdecer, en los árboles que recuperan sus colores y, especialmente, en ese ánimo festivo que poco a poco comienza a instalarse en cada rincón de nuestro país.

Es el Mes de la Patria, el mes de las banderas al viento, de las cuecas, de las ramadas y fondas, de los volantines que buscan el cielo y de los sabores que inevitablemente nos recuerdan que somos chilenos.

Con septiembre también llegan las esperadas Fiestas Patrias. Días para reunirse con la familia, reencontrarse con los amigos y hacer un alto en la rutina cotidiana. Son jornadas en que las tradiciones vuelven a ocupar un lugar privilegiado y en las que la llamada “chilenidad” se expresa con particular fuerza.

En las ciudades grandes y también en las comunas más pequeñas, las fondas y ramadas se transforman en puntos de encuentro. Allí se mezclan la música y el baile, la cueca y la cumbia, los anticuchos, las empanadas, los choripanes y tantas otras preparaciones que forman parte de nuestra cocina tradicional.

Pero septiembre es mucho más que comida y diversión. Es también memoria y tradición.

Vuelven los juegos de antaño, algunos de ellos casi olvidados durante el resto del año. La rayuela, el palo ensebado, los juegos criollos y las actividades campesinas recuperan protagonismo. Los rodeos convocan a quienes mantienen viva una parte importante de nuestras costumbres rurales y los volantines comienzan a poblar los cielos, anunciando que la primavera ya está entre nosotros.

Y está la cueca, nuestra danza nacional, que durante este mes parece recuperar todos sus espacios. No importa si después vienen las cumbias, los charros o cualquier otro ritmo: en cada celebración patria siempre habrá un momento reservado para nuestro baile nacional. Un “pie de cueca” que, más que una formalidad, representa una manera de reconocernos en nuestras raíces.

En las comunas como la nuestra, septiembre adquiere además una dimensión especial. Las escuelas, organizaciones sociales, instituciones y autoridades se preparan para las actividades que reúnen a la comunidad. El tradicional desfile se convierte en una oportunidad para encontrarnos, saludar a quienes participan y valorar el esfuerzo de tantas personas que, año tras año, contribuyen a mantener vivas nuestras celebraciones.

También están los símbolos que durante este mes adquieren una presencia especial. La bandera chilena ondea en hogares, plazas, establecimientos educacionales, instituciones públicas y privadas. El  blanco,  azul y rojo, se apodera de calles y balcones, recordándonos que las Fiestas Patrias también son una oportunidad para mirar nuestra historia y reconocer aquello que nos une.

A nivel nacional, septiembre trae consigo ceremonias tradicionales como el Te Deum Ecuménico y la Parada Militar, actividades que forman parte del calendario oficial de estas celebraciones y que, año tras año, concentran la atención de millones de chilenos.

Pero quizás el verdadero sentido de septiembre esté en algo mucho más sencillo: sentarnos juntos a la mesa, compartir un asado, escuchar música, bailar una cueca, elevar un volantín, participar de una actividad comunitaria o simplemente disfrutar de una conversación familiar que, en medio de la vida cotidiana, muchas veces dejamos para después.

Porque las Fiestas Patrias son también eso: una invitación a reencontrarnos.

Septiembre trae la primavera y con ella las flores, los días más luminosos y la esperanza de tiempos mejores. Es el mes de la Patria, pero también el mes de los encuentros, de la alegría y del amor.

Por eso, cuando septiembre golpea nuestras puertas, solo queda decir:

¡Bienvenido, septiembre!

Bienvenido el mes de la primavera, de las tradiciones, de la bandera y de la cueca. Bienvenido el mes en que Chile vuelve a cantar, bailar y celebrar sus raíces.

Y que estas Fiestas Patrias nos encuentren, como siempre, unidos en torno a lo que somos y a aquello que queremos seguir construyendo juntos.