Collipulli se encuentra con su historia ferroviaria

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COLLIPULLI.- Hay historias que no desaparecen aunque los trenes dejen de pasar con la frecuencia de otros tiempos. Permanecen en los relatos de quienes vivieron junto a las vías, en las fotografías guardadas por las familias, en los recuerdos de antiguos trabajadores y, sobre todo, en aquellas estructuras que todavía desafían el paso de los años.

El sábado, Collipulli volvió la mirada hacia una de esas historias. La segunda versión de la Escuela de Patrimonio Ferroviario, denominada “Viaducto Malleco, Patrimonio de la Humanidad”, reunió a  académicos, investigadores, vecinos y amantes del mundo ferroviario para conversar, recordar y poner nuevamente en el centro uno de los grandes símbolos de la comuna y de La Araucanía.

Durante la jornada, el Viaducto del Malleco fue mucho más que una imponente obra de ingeniería. Fue el punto de partida para recorrer una parte de la historia de Collipulli, aquella vinculada al desarrollo ferroviario y a las profundas transformaciones que significó la llegada del ferrocarril al territorio.

Las exposiciones permitieron conocer antecedentes sobre la construcción del viaducto, su relevancia histórica y el impacto que tuvo en el desarrollo de la zona. Pero la jornada también abrió espacio para mirar el patrimonio desde otra perspectiva: la de las personas que estuvieron detrás de esa historia.

Porque hablar del ferrocarril es también hablar de familias, de trabajadores, de estaciones, de viajes y de generaciones que construyeron sus propias memorias alrededor de las vías. Son relatos que muchas veces permanecen en el ámbito familiar, transmitidos de padres a hijos, y que encuentran en encuentros como esta Escuela de Patrimonio un espacio para volver a hacerse públicos.

El conversatorio fue precisamente uno de esos momentos. Las experiencias y recuerdos compartidos permitieron recuperar una memoria colectiva que no está escrita solamente en los libros ni representada únicamente por antiguas construcciones. También vive en la voz de quienes conocieron de cerca el mundo ferroviario y en las historias que todavía pueden reconstruirse a partir de sus testimonios.

Así, entre exposiciones, recuerdos y conversaciones, la jornada fue hilando pasado y presente. El patrimonio dejó de ser solamente aquello que se observa y pasó a entenderse también como aquello que se cuenta, se recuerda y se transmite.

El Viaducto del Malleco, con su presencia permanente sobre el paisaje, resume buena parte de ese legado. Su historia está ligada al desarrollo de las comunicaciones y al crecimiento del territorio, pero también a la vida cotidiana de una comunidad que durante décadas convivió con el ferrocarril como parte fundamental de su identidad.

La segunda Escuela de Patrimonio Ferroviario permitió, de esta manera, volver a mirar esa historia desde Collipulli y desde sus propios protagonistas. Un ejercicio de memoria que adquiere especial importancia cuando el patrimonio enfrenta el desafío de ser conocido por las nuevas generaciones.

Porque conservar no significa solamente mantener en pie una estructura histórica. También implica conservar los relatos, los nombres, las experiencias y las emociones que le dan sentido.

Y en Collipulli, el ferrocarril todavía tiene mucho que contar.

La jornada concluyó dejando planteado un desafío que trasciende una actividad puntual: fortalecer el compromiso con la conservación, investigación y difusión del patrimonio ferroviario local y regional. Una tarea que requiere recuperar la memoria antes de que el paso del tiempo termine llevándose consigo parte de las voces que aún pueden contarla.

Mientras el Viaducto del Malleco continúa dominando el paisaje, la historia ferroviaria de Collipulli vuelve a encontrarse con su comunidad. Esta vez, no desde el ruido de las locomotoras, sino desde la memoria de quienes entienden que las vías, las estaciones y los grandes monumentos también son parte de la historia de las personas.