Su partida, ocurrida en el hospital de Angol tras un delicado estado de salud, enluta a familiares, amigos y a quienes lo conocieron en su faceta de comerciante y vecino cercano. En ciudades como la nuestra, donde los vínculos son más estrechos, la ausencia de personas como don Abel se siente con mayor fuerza, porque representan esfuerzo, constancia y arraigo.