COLLIPULLI.- Por las calles de Collipulli, el murmullo de la fe se hizo presente. En cada palma levantada al cielo, en cada oración susurrada al amanecer, el Domingo de Ramos cobró vida como una expresión profunda de espiritualidad y comunidad.

Desde temprano, la Plaza de Armas se fue llenando de fieles. Hombres, mujeres, niños y adultos mayores llegaron con sus ramos de olivo, romero, laurel y palmas tejidas entre las manos. Eran más que simples adornos: eran símbolos de esperanza, de fe, de una tradición que año tras año convoca a creyentes y curiosos por igual.
