COLLIPULLI.– Una fría mañana de sábado en el sector rural de Piutril se llenó de calor espiritual, cantos, aromas tradicionales y memorias ancestrales. Las alfareras del lugar encabezaron una emotiva celebración del Wetripantu, el año nuevo mapuche, con una rogativa cargada de significado y un encuentro comunitario que renovó el vínculo con la tierra, con el sol y entre vecinos.
El evento, que coincidió con el solsticio de invierno, marcó no solo el día más corto del año, sino también el renacer del ciclo natural, en sintonía con la cosmovisión mapuche que ve en este momento el inicio de una nueva etapa: la llegada de la luz, el despertar de la naturaleza, la renovación del compromiso con el territorio.

La ceremonia central fue la rogativa (llellipun), uno de los momentos más significativos del Wetripantu. Allí, bajo el cielo aún cargado de rocío y en contacto directo con la naturaleza, los participantes elevaron sus peticiones y agradecimientos a las fuerzas de la tierra, al sol que comienza a regresar, y a los espíritus protectores del bosque y del agua. Fue un instante de recogimiento y de fuerza colectiva, en que el silencio también habló.
