La jornada festiva comenzó con un gesto que trascendió al tiempo, cuando el león Julio Da’Costa Morales abrió las puertas de la nostalgia al ofrecer un grato paseo por la ciudad a bordo de su vehículo del año 1939. El automóvil, más que un medio de transporte, se convirtió en una máquina del tiempo que transportó a los residentes a través de los recuerdos y vivencias, marcando el inicio de una jornada extraordinaria.
Ya inmersos en la atmósfera navideña, los adultos mayores fueron agasajados con una exquisita once, donde la mesa se llenó de delicias que despertaron sus sentidos y alimentaron su espíritu festivo. La entrega de regalos, cuidadosamente seleccionados para cada uno, agregó un toque especial de emoción y gratitud a la velada.
Lo más destacado de la tarde fue, sin duda, la confluencia de amistad y solidaridad entre los integrantes del Club de Leones y los residentes del Hogar de Cristo. El intercambio de sonrisas, historias y abrazos creó un lazo afectivo que trascendió las diferencias generacionales y reafirmó el compromiso de la comunidad de Collipulli con el bienestar de sus miembros más experimentados.